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Artículos | En Defensa de la Fe
Ser y no saber nada...
Por Sugel Michelén



El poeta nicaragüense Rubén Darío, en su poema Lo Fatal, expresa la angustia existencial del hombre ante la realidad de una vida consciente que se dirige hacia un destino final inevitable e incierto: Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura, porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente. / Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, / y el temor de haber sido y un futuro terror… / y el espanto seguro de estar mañana muerto, / y sufrir por la vida y por la sombra y por / lo que no conocemos y apenas sospechamos, / y la carne que tienta con sus frescos racimos, / y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, / ¡y no saber a dónde vamos / ni de dónde venimos!
Podemos tratar de evadir esta inquietud existencial y vivir del modo más evasivo posible, pero eso no elimina la realidad de que existimos y de que algún día nos enfrentaremos con la experiencia de la muerte.
 
Es de sabios inquirir ¿qué nos espera después? Esta no es una pregunta escapista. Lo que pensemos al respecto ejercerá una influencia determinante en nuestra vida aquí y ahora.

Veamos cuáles opciones tenemos. Podemos partir de la premisa de que no existe Dios, sino que fuimos arrojados a la existencia por una fuerza ciega, a través de un proceso evolutivo casual en el que no intervino ningún Ser inteligente. En tal caso tendríamos que llegar a la terrible conclusión de que nuestra vida en este mundo es un absurdo. Podríamos intentar darle un significado a cada momento de nuestra existencia, pero nuestra existencia en sí no tendría sentido alguno y, por supuesto, tampoco habría para nosotros ninguna esperanza. Si venimos de la nada, a la nada volveremos.

Pero esa no es la única opción. Hay esperanza para el hombre, tanto para el presente como para el porvenir, porque fuimos creados con propósito por un Ser inteligente.
 
Aclaro que los cristianos no creemos en Dios porque esa fe sea una necesidad filosófica o sicológica, sino porque Él ha dejado pruebas sin número de Su existencia.
 
Toda la creación testifica del poder y la sabiduría del Creador. El cristianismo descansa sobre una fe razonable. Pero es indudable que si echamos a Dios a un lado eliminamos toda esperanza racional para el hombre. Si no fuimos creados por un Dios sabio, bueno y todopoderoso no hay nada que esperar. De la nada vinimos y a la nada volveremos. Sin Dios sólo queda lo fatal.

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